La cruzada de Gabriela Rosay por reinventar modelos de convivencia
Publicado abril 08, 2026
Autor Conecta Mayor
Entrevista por Constanze Kerber S. para revista Mundo Mayor.
“Chile tiene mucho talento, mucha creatividad, capacidad de luchar para cambiar situaciones adversas y la solidaridad a flor de piel. Sin embargo, las oportunidades, que son escasas, no siempre fueron muy visibles”, señala Gabriela Rosay Stuven al momento de explicar su vocación por el servicio social.
Este diagnóstico le hizo pensar que la mediación podía ser una vía para articular a distintos actores,rovenientes de mundos diferentes, con miras a un objetivo común: “La solución de un problema, de un dolor”.
Su camino hacia lo que hoy realiza partió en su educación básica, al asistir al primer colegio Montessori que existió en Chile.
En el aula compartió con niños con capacidades diferentes. Tuvo compañeros sordos, ciegos, con síndrome de Down; también huérfanos o hijos de familias unipersonales como la de ella, quien se crió con su mamá y dos hermanos. “Muy tempranamente, la vida me puso en contacto con una diversidad de personas maravillosas”, recuerda.
En ese establecimiento fue premiada como la mejor alumna y, lo más importante para ella, como mejor compañera elegida por la comunidad escolar. Este fue el primer hito que reconoce en su vocación de servicio.
Gabriela cursó las humanidades, como se llamaba en ese tiempo a la enseñanza media, en el Liceo N°12 de Niñas. “En esa gloriosa educación pública, tan deteriorada hoy en día”, lamenta.
Allí compartiría el aula con compañeras siempre dispuestas a colaborar. Hacia el final de sus estudios iniciaría una corta carrera artística a partir de su participación en festivales interescolares de música, junto a su amiga Gladys Valdés, con quien realizó giras nacionales bajo el nombre de Las Mechonas.
Siendo alumna de la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica, participó en un casting de TVN para seleccionar a la sucesora de Gabriela Velasco, recordada animadora de la televisión chilena. “¡Y fui la seleccionada!”, recuerda.
Desde el área de producción le mandaron los detalles de las primeras grabaciones y, para su sorpresa, no se mencionaba sus honorarios profesionales. Al preguntar sobre este “detalle”, le respondieron si estaba consciente de la fila de mujeres dispuestas a hacer este trabajo gratis.
“Esta vivencia fue brutal. Me mostró otro rasgo cultural predominante, excluyente e inequitativo de la sociedad chilena. Renuncié antes de debutar y cerré esa puerta para siempre”, relata.
Titulada en Artes de la Comunicación en la UC, Gabriela cursó un diploma en Gestión Cultural. Participó en la organización del pabellón chileno de Expo Sevilla 92; dirigió una campaña nacional de democratización de la lectura de la Unesco, el Ministerio de Educa ción y la editorial Cuarto Propio; se integró al programa “Descubriendo Chile en el mundo”, diseñado para ingenieros jóvenes; y se involucró en distintas actividades que tienen relación con el arte y la cultura.
Proyecto Cohousing
Hoy integra el directorio de la Fundación Memoriales Héroes del Riñihue; es secretaria ejecutiva de la Corporación de Ayuda para la Neurocirugía e integra el directorio de la SpA Llave de Sol, que impulsa un proyecto artístico cultural de impacto internacional. También forma parte de las comisiones de incidencia en políticas públicas de la red Voces Mayores, de Travesía 100, y de la Mesa de Personas Mayores de la Comunidad de Organizaciones Solidarias.
Luego de haber dedicado parte importante de su trayectoria a estas labores profesionales y a hacer familia –tiene dos hijos y tres nietos–, Gabriela despliega hoy sus habilidades en un postergado proyecto personal: establecer espacios de convivencia en comunidad pensados preferentemente para personas mayores de 50 años, autovalentes y con inquietudes pendientes para su autorrealización.
“Estoy consciente de que el cohousing no es para todos, sino para quienes tengan la determinación de vivir en comunidad, así como de contribuir a su formación y funcionamiento”.
“Se trata de una propuesta de bienestar asociada a un profundo cambio cultural. En la actualidad buscamos desplegar un sistema que promueva sus beneficios, convocando actores de los sectores público, privado, de la sociedad civil y de la academia para desarrollar un trabajo colaborativo que lo haga asequible a todos quienes se interesen por este modelo de vida”.
Para ello, después de haber investigado sobre este tema y de conversar con su gran amigo, el ingeniero Juan Carlos Sáez, en 2019 creó la Fundación Cohousing Chile que impulsa un modelo de vivienda colaborativa de espacios habitacionales, ubicados estratégicamente alrededor de un área común para facilitar al máximo la interacción entre vecinos.
Son comunidades diseñadas y administradas por sus residentes, que promueven su autonomía e independencia, la colaboración, el apoyo mutuo y el despliegue de proyectos en conjunto. “Puede ser desarrollado por un grupo de amigos, al que luego se pueden ir sumando otras amistades o familiares, seleccionados por el grupo inicial, de acuerdo a sus intereses y afinidades”, explica Gabriela, directora ejecutiva y gestora de esta fundación.
La iniciativa, cuenta, busca reinventar la sociedad desde adentro hacia afuera, creando nuevos modelos de convivencia intergeneracional, consumo, producción y bienestar.
Esto surge en un período en que Gabriela atravesaba un proceso personal de cambios: en 2015 se había divorciado de su segundo marido y también había concluido una asignación en Naciones Unidas, lo que la llevó a replantearse su futuro. Tenía 65 años y concluyó que le gustaría vivir esa etapa de su vida en compañía de sus amigos.
—¿Cómo se le ocurrió este proyecto?
“Observando los cambios que hoy vivimos. La gente está quedando sin trabajo a los 50 años, entonces que puedan armar un proyecto de este tipo, en el que van a reducir sus gastos y enriquecer su vida, es muy bueno. Como fundación, asesoramos a quienes se interesan por vivir en este modelo y los acompañamos viendo la viabilidad de los grupos –a través de talleres– y evaluando los terrenos”.
—¿Cómo ha funcionado? ¿Prendió aquí?
“Cuando se habla de cohousing, nosotros somos el referente. Trajimos este sistema en enero de 2020 y, cumplida una primera fase con el diagnóstico, investigación y asesorías, ahora comenzaremos con algunos proyectos piloto. Entre ellos, la reconversión de edificios que fueron oficinas en cohousing en altura. También seguimos muy de cerca el Programa Condominios de Viviendas Tuteladas (CVT) del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y nos interesa su mejora y crecimiento a nivel país. Estamos muy contentos de levantar proyectos que solo producen bienestar para las personas mayores».
Junto con este proyecto, Gabriela también trabaja en la difusión de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y en la promoción de una ley integral que garantice su bienestar y participación plena. Ratificada por Chile en 2017, “luego de una movilización importante de la sociedad civil”, y desde la mesa de políticas públicas de Personas Mayores de la Comunidad de Organizaciones Solidarias, apoya a la experta designada por el Estado de Chile para el establecimiento de los mecanismos de seguimiento.
—¿Cómo le ha ido con esta cruzada?
“Estamos trabajando con la Cancillería y la Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia para estar alineados con nuestra institucionalidad. En los últimos seis años hicimos una tarea muy consistente con la Ley Integral de Personas Mayores y Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable, con un monitoreo permanente de los avances y retrocesos en las comisiones de Personas Mayores en la Cámara de Diputados y en el Senado. ¡Y se aprobó por unanimidad!”.
Su promulgación, afirma, dará inicio a un proceso reglamentario y de diseño de la Política Nacional de Envejecimiento para los próximos 10 años, que incluye una lista de más de 20 derechos, entre ellos, el de la igualdad y no discriminación por razones de edad. Un paso que para Gabriela es vital, ya que en las personas mayores existe un mundo de heterogeneidad. “Todo está determinado por el lugar dónde naciste, en qué barrio, en qué familia y qué posibilidades tuviste de estudiar. Dependiendo de eso, te logras desarrollar o no, te toca una vida más dura o más fácil”.
—¿Cuáles son las principales dificultades que enfrenta hoy este grupo etario?
“Lo más importante es cambiar la mirada que mayoritariamente se tiene de las personas mayores, lo que las deja afuera del sistema. La discriminación por edad es muy perniciosa. Necesitamos promover la integración intergeneracional: tenemos mucho que aprender de los más jóvenes y ellos mucho que aprender de nosotros”.
—¿Aún existe una mirada asistencialista hacia los mayores?
“Ha sido lo que ha prevalecido en nuestro país. Afortunadamente, está cambiando hacia la promoción de la autonomía y de la independencia”.
—¿Cuál es su secreto para mantenerse tan activa y motivada?
“Dedico gran parte de mi tiempo al ámbito profesional y, en lo personal, mi vida familiar es prioritaria. Tengo muchos amigos y amigas con quienes comparto celebraciones, cine, lectura, teatro, conciertos y viajes. Practico pilates y asisto a talleres de poesía y filosofía, y también tomo algunos cursos del MIT en línea. Mi curiosidad es inagotable”.
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