Las paradojas: columna de Eduardo Toro sobre la Ley Integral para Personas Mayores y un necesario cambio cultural
Publicado marzo 31, 2026
Autor Conecta Mayor
Columna de opinión de Eduardo Toro, Director de Conecta Mayor UC, en Cooperativa.cl
Hace poco tiempo atrás, en este mismo espacio, celebramos la aprobación por unanimidad de la Ley Integral para Personas Mayores. Después de cinco años de tramitación, el Congreso había llegado a acuerdo sobre un texto que marca una ruta en la consolidación de los derechos de los 60+. Sin embargo, un obstáculo aparece en el camino: el gobierno saliente ingresa un veto presidencial. Finalmente, gracias a la activa insistencia de las organizaciones de la sociedad civil, el Presidente Kast retiró el veto y hoy estamos atentos a su pronta promulgación. Sin duda hay espacios para perfeccionarla y esperamos que el Congreso así lo entienda. Seguimos convencidos que ese es el camino adecuado: promulgar y reformar.
Así, aún nos queda mucho por avanzar en materias legislativas. La ley que obliga al retiro de los funcionarios a los 75 años comenzará a regir desde enero del 2027 y obligará a un grupo de personas mayores a dejar sus puestos de trabajo. Si bien, gracias al llamado de alerta, se incluyeron excepciones, estas profundizan la desigualdad: personas mayores de primera y segunda categoría.
En las comunas pueden ser electos alcaldes, pero no liderar la Dirección de Desarrollo Comunitario. Un cargo administrativo en un ministerio deberá retirarse al cumplir 75 años y, al día siguiente, podría asumir como ministro de la misma cartera. Extraños y paradójicos los alcances de la ley que, además, se contrapone a la ley integral. El llamado, entonces, es fuerte y claro: llegar a enero del 2027 sin esa ley que cuelga como una guillotina sobre un grupo de personas mayores que hoy sirven al Estado.
Lo hemos repetido como un mantra: Chile envejece aceleradamente y no podemos darnos el lujo de perder parte de la fuerza laboral, importante pieza del motor de la economía. Con una tasa de nacimientos decreciente, obligadamente debemos volver la mirada a las personas mayores. Los detractores suelen gritar slogans edadistas y anacrónicos: «Quieren que trabajen hasta que se mueran» o «los abuelitos tienen derecho a descansar». No, nadie debe trabajar hasta morir, y sí, todos tenemos derecho al descanso después de años de trabajo.
Como ya lo hemos mencionado, hoy no existe «la vejez» si no que «las vejeces». Los seniors son un grupo heterogéneo, donde se ingresa a los 60 años y en el que puedes llegar a permanecer 20, 30 e incluso más años gracias a las proyecciones de vida. El punto entonces es cómo vamos a vivir esa etapa, y aquí es donde debemos tener la posibilidad de ejercer nuestro derecho al trabajo. Claramente no es lo mismo tener una trayectoria laboral como guardia de seguridad que como arquitecta, pero ambas deben tener un denominador común: la posibilidad de elegir.
Tampoco podemos sacar de la ecuación factores gravitantes como los montos de la pensiones y la pérdida de autonomía, sin embargo, nada puede quitar el derecho al trabajo y menos solo por el hecho de haber nacido un determinado año.
Podemos sumar, también, que el sueldo mínimo desde enero es de 539 mil pesos, pero tiene como tope la edad de 65 años. Para los 65+ es de 402 mil: un trato indigno, excluyente y discriminatorio.
Hoy tenemos un Presidente de la República de 60 años, recientemente cumplidos. Fue elegido por la mayoría de la ciudadanía para regir los destinos del país, sin embargo, no confiamos que nuestros padres sigan ejerciendo su profesión u oficio si ellos lo desean. Otra paradoja.
Ninguna ley, sin embargo, nos será útil si no cambiamos el switch: la sociedad completa debe ser partícipe de la revolución plateada. Por los derechos de las personas mayores y por el bienestar de todo nuestro país.