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Prensa: ¿Aumentar la edad de jubilación? El debate por la integración de personas mayores que reabrió Don Francisco

Publicado octubre 29, 2026
Autor Conecta Mayor
  • Este jueves 29 de octubre, Sofía Rivas Rufin, directora ejecutiva de Conecta Mayor UC, apareció citada en El Mercurio, en una nota sobre la edad de jubilación.

En la edición del jueves 29 de octubre de El Mercurio se publicó una nota con el título «¿Aumentar la edad de jubilación? El debate por la integración de personas mayores que reabrió Don Francisco». Sofía Rivas Rufin, directora ejecutiva de Conecta Mayor UC, entregó su visión sobre el tema junto a la Líder Mayor 2024 Rosita Kornfeld y Alejandra Valdés, de Fundación Amanoz.

Lee la nota completa:

“Es imposible, por ejemplo, que se mantenga la jubilación a los 65 años. Es imposible”.

Con esas palabras, Mario Kreutzberger (Don Francisco) esta semana reabrió el debate sobre el aumento de la esperanza de vida y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, algo que también ha generado discusión en países europeos, como España, Alemania y Francia.

A sus 85 años, el reconocido animador de televisión cuestionó que hace 21 años cobra su pensión. “No hay sistema de jubilación que pueda resistir eso. Entonces, eso va a tener que ir cambiando”, dijo en entrevista con el programa “Influyentes” de CNN Chile.

Distintas voces se han pronunciado respecto a una discusión que, más allá de la idea de que se deje o no de trabajar a los 65 años, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de avanzar hacia una mayor integración de las personas mayores en la ciudad, comercio, uso de la tecnología y espacios de capacitación, por ejemplo.

“Repensar la vejez”

Una idea que se repite es que, como cada día hay más personas mayores, con una mayor esperanza de vida, mientras que nacen menos niños, se deben realizar ajustes sociales y culturales que frenen la discriminación y exclusión hacia la tercera edad o superior.

Aquello plantea Sofía Rivas, directora ejecutiva de Conecta Mayor UC, quien postula que la mezcla de estos factores “nos obliga a repensar la vejez”. Por ello, enfatiza en la necesidad de reconocer la diversidad de trayectorias y la libertad de cada persona para decidir cómo vivir esta etapa.

“Muchas personas mayores quieren seguir aportando y se enfrentan a la discriminación por edad, a la falta de flexibilidad laboral y a la brecha digital. Vivir más años no debiese ser sinónimo de exclusión. Necesitamos un cambio cultural que amplíe las oportunidades de las personas mayores, sin convertir la longevidad en una nueva exigencia”, señala Rivas.

En ese sentido, añade que “una cosa es discutir la edad legal de jubilación y otra es asumir que, al llegar a cierta edad, las personas deben dejar de trabajar o de contribuir a la sociedad”.

Beatriz Urrutia, directora ejecutiva de Fundación Grandes, expuso algo similar ayer en Cartas al Director de “El Mercurio”, espacio en el cual reflexionó que las declaraciones de Kreutzberger “abren una conversación que no podemos seguir postergando”.

“No se trata solo de aumentar la edad de retiro, sino de avanzar hacia un modelo más flexible, que promueva la reconversión laboral, reconozca la diversidad de trayectorias y capacidades, y permita seguir trabajando a quienes lo deseen, sin excluirlos por su edad”, planteó.

Coincide Rosa Kornfeld, ex directora nacional del Servicio Nacional del Adulto Mayor y actual socia fundadora de la Corporación Tálanton, quien asegura compartir “plenamente” lo que expuso Don Francisco, de la mano de que “la jubilación fue creada cuando la gente vivía hasta cinco o seis años después de jubilar. Hoy tenemos un período más largo del ciclo vital; vivimos unos 30 años en promedio después de jubilar. En Chile, el promedio de vida es 81 años, entonces son más o menos 20 años de jubilación. No hay ningún Estado que pueda soportar un tiempo tan largo pagando jubilaciones”.

Dejar el trabajo puede generar soledad y depresión

Del mismo modo, Alejandra Valdés, miembro del directorio de Fundación Amanoz, apunta a que “el tema nos convoca a todos a abrir el asunto y pensar en las nuevas formas de configurar el sistema. En este cambio demográfico y de expectativas de vida, hay que hacer la distinción entre lo que significa jubilar desde el punto de vista económico y lo que significa jubilar desde el punto de vista del sentido de vida y la actividad”.

“Para muchas personas, su actividad laboral lo es todo, y sacarlos del sistema tempranamente genera soledad, depresión e incluso enfermedad, lo cual es aún más caro, por ejemplo, para el Estado, y sin duda para ellos que deberán sostenerse más años”, expone.

Valdés plantea, incluso, que “es tiempo de analizar el asunto desde esta perspectiva y también desde el cómo pensar, por ejemplo, trabajos part time para personas mayores que quieren dejar su actividad laboral, pero tampoco quisieran quedarse sin nada que hacer”.

Por ello, también se pregunta si “¿es quizás una posibilidad elegir la edad de jubilación dentro de ciertos rangos? Versus sentir el fantasma de se me termina la vida porque se me termina el trabajo (…). Las personas buscan seguir activas porque el sentido de vida es fundamental para mantenerse bien de salud. Y para muchos su motor es el trabajo, sentirse útiles y participativos en el sistema”.

“No es políticamente correcto”

Kornfeld, quien en 2014 fue designada por la ONU como “la primera experta independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad”, agrega que “no es políticamente correcto aumentar la edad de jubilación. Pero por otro lado, cuando las mujeres llegan a los 60 años y los hombres a los 65, quieren seguir trabajando. Aquí habría que hacer una modificación, darles oportunidades a las personas de elegir”.

Respecto al costo cada vez más alto que representa el sistema de pensiones para el Estado, ejemplifica con que en Francia, a raíz de las protestas por la educación, “leía que un porcentaje altísimo de lo que el gobierno da a educación se va en jubilación de profesores, y les queda poco para poder reinvertir en lo que realmente se necesita, que es la educación”.

Sobre aquel punto, además, se repite el argumento de que como progresivamente hay menos niños, la fuerza laboral de la próxima generación va a ser menor y, por tanto, la decisión de jubilación debería conversar con ese fenómeno demográfico.

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