Informe de Unesco destaca el trabajo de Conecta Mayor UC en Chile: «Puede servir como referencia a otros países»
Publicado mayo 28, 2026
Autor Conecta Mayor
«La Fundación Conecta Mayor UC es un proyecto pionero en Chile», señala el reporte de la entidad especializada de la ONU, que recoge seis casos de estudio a nivel mundial. Nuestro país es el único representante de Latinoamérica, a través de sun análisis a nuestra fundación.
Una reciente publicación de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), titulada «Superando la brecha digital de la tercera edad: Potenciando el aprendizaje de las TIC en adultos mayores» destacó a la Fundación Conecta Mayor UC dentro de seis casos de estudio a nivel mundial sobre esta materia.
Este informe global -firmado por Uxía Regueira, investigadora de la Universidad de Santiago de Compostela, España-, analizó la experiencia de la fundación desde sus inicios y, principalmente, en el período entre 2024 y 2025.
«La iniciativa destaca por su enfoque innovador, que aborda la brecha digital desde una perspectiva gerontológica y educativa, entregando soluciones a través de alianzas estratégicas de colaboración con gobiernos locales y empresas privadas», señalan desde el ente de Naciones Unidas.
La Unesco resaltó la implementación del Programa de Empoderamiento Digital (PED), que capacita a personas mayores en el uso de smartphones. En la publicación, concluyen que «los participantes reportaron un aumento de la autoestima, una mejor percepción de sus capacidades y el fortalecimiento de sus redes sociales».
«Este modelo puede servir como referencia para otros países que enfrentan desafíos similares, reafirmando el derecho de las personas mayores a una inclusión digital plena y significativa«, añaden.
En dicho reporte Chile es el único país representante de Latinoamérica, a través de Conecta Mayor UC.
Lee el informe completo a continuación:
«La Fundación Conecta Mayor UC es un proyecto pionero en Chile, enfocado en reducir la brecha digital entre personas mayores. La iniciativa destaca por su enfoque innovador, que aborda la brecha digital desde una perspectiva gerontológica y educativa, entregando soluciones a través de alianzas estratégicas de colaboración con gobiernos locales y empresas privadas.
La Fundación fue creada en 2020 durante la pandemia de COVID-19. Las medidas sanitarias implementadas durante la crisis, incluyendo cuarentenas y confinamientos, profundizaron la exclusión social ya existente que vivían las personas mayores en Chile, situación que además se vio agravada por la rápida digitalización de procesos cotidianos sin contar con infraestructura ni capacitación adecuadas. El proyecto ofreció una respuesta estratégica frente a las barreras materiales, sociales y culturales que enfrentaban las personas mayores para acceder y utilizar herramientas digitales. Inicialmente, la iniciativa entregó dispositivos tecnológicos y posteriormente evolucionó hacia un programa integral de formación dirigido a personas sin habilidades digitales previas. Esto posicionó al proyecto como una solución estratégica en un contexto marcado por la escasez de políticas públicas integradas y una alta dependencia de iniciativas locales.
La misión de la Fundación se basa en tres pilares fundamentales: la inclusión digital como un derecho humano, la colaboración con administraciones locales para asegurar un amplio alcance territorial y la implementación de metodologías gerontológicas adaptadas a las necesidades específicas de las personas mayores. La Fundación emplea un enfoque educativo práctico basado en la gerontología digital, priorizando la adquisición de habilidades y fortaleciendo la confianza de las personas mayores en sus propias capacidades.
Desde su implementación, el proyecto ha buscado reducir las brechas de acceso y uso digital, transformar las percepciones culturales sobre el envejecimiento y empoderar a las personas mayores para participar activamente en la vida social y tecnológica del país. Este enfoque integral lo convierte en un caso de estudio valioso para repensar las estrategias de inclusión digital en el contexto del rápido envejecimiento demográfico y las desigualdades estructurales.
Este artículo resume los hallazgos de un estudio de caso realizado en dos fases: un análisis documental y una investigación cualitativa mediante entrevistas semiestructuradas.
El análisis documental examinó el marco político y legislativo, así como cuatro documentos institucionales que describen programas y evaluaciones de impacto. La fase cualitativa incluyó cinco entrevistas en línea, de aproximadamente una hora cada una, realizadas a actores clave: dos directivos de la Fundación Conecta Mayor UC especializados en materias sociales y educativas, una funcionaria municipal que recibió capacitación de la institución e implementa un programa específico en su municipio, y dos participantes del programa.
El estudio exploró las características, logros, desafíos y aprendizajes de la iniciativa utilizando un enfoque inductivo-deductivo, con especial énfasis en el primero. Las siguientes secciones detallan los resultados.
Contexto nacional y local
El perfil demográfico de Chile se caracteriza por el envejecimiento de su población. Esta tendencia se aceleró en la década de 1970 y se hizo más pronunciada en los 90, posicionando a Chile entre los cuatro países con las poblaciones más envejecidas de América Latina y el Caribe. Durante las últimas dos décadas, el número de personas de 80 años y más ha crecido en un 162% (CEPAL, 2019).
Aproximadamente el 20% de la población tiene más de 60 años, cifra que se estima aumentará a cerca de un 22,3% en 2027 y a un 32,1% en 2050, convirtiendo a Chile en el país con la población más envejecida de América Latina (CEPAL, 2023).
Esta tendencia demográfica genera riesgos significativos, entre ellos limitadas garantías para el cuidado de las personas mayores y un sistema de pensiones con un diseño individualista y orientado al mercado. Este último ya ha provocado protestas ciudadanas en los últimos años y, por ello, es ampliamente percibido como un problema.
Estos desafíos se ven agravados por la tasa de analfabetismo que, aunque relativamente baja en comparación con países vecinos, es más pronunciada en este segmento de la población (OCDE, 2019a). Del mismo modo, la concentración de esta población en zonas rurales dificulta el acceso a redes de protección pública, las cuales se concentran principalmente en centros urbanos y se estructuran en torno a la lógica centralizada y extractivista de la economía rural, con lo que aumentan la marginalización.
Esta situación se ve aún más agravada por las percepciones edadistas de la población general y las autopercepciones dentro del propio grupo etario. Según la VI Encuesta de Inclusión y Exclusión (Arnold et al., 2021), solo un 7% de los chilenos encuestadas señaló escuchar opiniones positivas sobre el envejecimiento, mientras que un 63% consideró que los aportes de las personas mayores son subvalorados, identificando a los medios de comunicación como difusores pasivos de prejuicios hacia este grupo.
Esta interacción entre factores socioeconómicos y educativos, junto con percepciones edadistas culturalmente arraigadas respecto de la participación y el potencial de aprendizaje de las personas mayores, intensifica los desafíos de la ciudadanía digital.
La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 2017 (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2017) indicó que el 70% de las personas mayores de 60 años no utilizaba internet. Adicionalmente, el 67% de las personas mayores de 70 años y el 87% de aquellas mayores de 80 años no tenía acceso a un smartphone. Esta brecha digital era más pronunciada entre quienes tenían menor nivel educativo o residían en zonas rurales.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 transformó este escenario. Mientras la 6ª Encuesta Calidad de Vida en la Vejez (PUC y Caja Los Andes, 2023) reveló que solo el 46% de las personas mayores utilizaba smartphones en 2019 (antes de la pandemia), esta proporción aumentó al 65% en 2022. Si se considera el acceso a internet en los hogares donde viven personas mayores —y no únicamente si la persona posee o utiliza personalmente un dispositivo con acceso a internet—, el 88% de estos hogares cuenta con conexión a internet, principalmente a través de teléfonos inteligentes, según el informe del Observatorio del Envejecimiento de Confuturo (2024).
A pesar de este avance, solo el 38% de las personas mayores declaró realizar de manera independiente tareas en línea, como enviar correos electrónicos, buscar información o efectuar trámites. Como consecuencia, la rápida digitalización de la vida durante la pandemia contribuyó a un mayor aislamiento social de las personas mayores, afectando su salud.
Actualmente, la mitad de la población mayor en Chile posee un smartphone, pero el 60% lo utiliza únicamente para llamadas y mensajería, mientras que solo el 23% lo usa para trámites administrativos como el pago de contribuciones, la postulación a beneficios estatales o la obtención de certificados oficiales (PUC y Caja Los Andes, 2023; Troncoso et al., 2024).
Sin embargo, la Ley de Transformación Digital de Chile (Ley 21.180), promulgada el 11 de noviembre de 2019, establece que los procesos administrativos gestionados por organismos del Estado deben realizarse electrónicamente (Cancino et al., 2024). Si esta medida no va acompañada de intervenciones educativas integrales, puede limitar la participación de las personas mayores en la vida pública y aumentar su dependencia de terceros para tareas cotidianas.
En 2017, Chile ratificó la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, la cual incluye el derecho a la educación digital. Si bien esto representó un compromiso importante, los avances en la implementación práctica de la convención siguen siendo limitados.
En junio de 2022, el Senado presentó un proyecto de ley para promover el envejecimiento positivo (González-Billault, 2022). Algunos observadores señalaron que esta iniciativa concibe los derechos establecidos en la convención como ámbitos que el Estado debe ‘promover’ más que garantizar, reflejando un enfoque más vertical y asistencialista de la política pública nacional (Milos y Bozanic, 2022).
Actualmente, existen tres programas clave que abordan la brecha digital de manera directa o indirecta: el Programa Brecha 0 del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones; el Programa de Nivelación Escolar diseñado específicamente para personas mayores bajo el Ministerio de Educación; y los Programas de Inclusión Digital desarrollados por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), organismo dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, creado en 2002 para promover la integración social y familiar efectiva de las personas mayores (García et al., 2024).
El Programa Brecha 0 aborda la brecha digital de primer nivel (van Dijk, 2020), relacionada con el acceso a internet y a tecnologías de la información y comunicación (TIC), mediante la provisión de infraestructura de conectividad y la distribución de dispositivos digitales. Sin embargo, actualmente presenta una integración limitada con instituciones educativas, mientras la coordinación entre las distintas etapas de inclusión digital podría fortalecerse.
Por su parte, el Programa de Nivelación Escolar, diseñado específicamente para personas mayores, se centra en alfabetización básica y matemáticas, buscando compensar brechas educativas acumuladas a lo largo de la vida. Aunque no prioriza explícitamente la formación digital para la ciudadanía activa, puede contribuir indirectamente a la inclusión digital al fortalecer habilidades fundamentales necesarias para utilizar herramientas digitales e interactuar con contenidos en línea.
Finalmente, los Programas de Inclusión Digital desarrollados por SENAMA abordan desafíos de la brecha digital de segundo nivel mediante el desarrollo de competencias necesarias para desenvolverse en plataformas digitales. Estas iniciativas suelen ser de pequeña escala y podrían beneficiarse de una estrategia nacional de implementación más coordinada. Asimismo, podrían no abordar completamente las necesidades estructurales y colectivas requeridas para cerrar la denominada ‘brecha digital gris’.
En ausencia de programas integrales, las iniciativas que abordan problemáticas sociales pueden enfrentar desafíos para asegurar responsabilidad política o financiamiento privado. Un ejemplo destacado es la campaña ¡Vamos Chilenos!, lanzada durante la pandemia para distribuir kits de inclusión digital a 80.000 personas mayores. Esta campaña sentó las bases del programa desarrollado posteriormente por Conecta Mayor en colaboración con gobiernos locales.
En un contexto centralizado y con recursos limitados, los municipios son ‘el principal canal de comunicación para las personas mayores’, como explicó una trabajadora social de una municipalidad chilena participante en el estudio de caso.
El programa de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reforzó este rol, integrando a diversos gobiernos locales en una red comprometida con la inclusión digital. En 2015, solo cinco ciudades chilenas cumplían con los parámetros de la OMS para integrarse a este sistema; sin embargo, para 2020, comunidades o ciudades de 11 de las 16 regiones del país ya formaban parte de la red (García et al., 2024; OMS, 2022a).
Los municipios enfrentan diversas limitaciones, entre ellas marcos legislativos restringidos y distintos niveles de recursos financieros, factores que pueden influir en su capacidad para desarrollar iniciativas sostenibles.
Este contexto pone de relieve la necesidad de una estrategia nacional integrada y holística que coordine recursos, programas educativos y políticas públicas para reducir la brecha digital y garantizar el acceso de las personas mayores. Dicha estrategia debe ir más allá del uso instrumental de la tecnología y considerar las dinámicas de poder, el intercambio de conocimientos, los destinatarios de la tecnología y las relaciones entre usuarios, autoridades, educadores y aprendices.
Los planes estratégicos deben trascender la brecha digital de primer nivel, abordando el edadismo como una construcción social y atendiendo, al mismo tiempo, las particularidades cognitivas y experienciales de este grupo demográfico. La iniciativa Conecta Mayor surge como un caso ejemplar dentro de este contexto.
Contexto institucional
La Fundación Conecta Mayor es un proyecto de la Pontificia Universidad Católica de Chile, creado en 2020 en el punto más álgido de la pandemia de COVID-19. Su misión principal es abordar la brecha digital y promover la inclusión social de las personas mayores mediante tecnologías digitales.
La iniciativa fue desarrollada como respuesta al aumento del aislamiento social experimentado por las personas mayores de 75 años, quienes estuvieron sujetas a estrictos confinamientos domiciliarios bajo medidas sanitarias que limitaban las salidas organizadas y el contacto social presencial.
Conecta Mayor persigue tres objetivos clave: diseñar e implementar soluciones tecnológicas que faciliten la integración de las personas mayores, generar y aportar conocimiento nacional sobre las personas mayores y promover un cambio cultural que resignifique el envejecimiento y la vejez.
Primera etapa: distribución de dispositivos móviles con software adaptado
En su fase inicial, la Fundación colaboró con la campaña ¡Vamos Chilenos! para llevar adelante una distribución masiva de teléfonos móviles adaptados a las necesidades de las personas mayores en municipios interesados en participar.
El programa estuvo dirigido a personas de 70 años y más, pertenecientes al 40% más vulnerable según el Registro Social de Hogares y que vivían solas o junto a otra persona dependiente. La selección de beneficiarios fue realizada por las entidades ejecutoras —los municipios—, a los cuales se les asignaron cupos proporcionales a la población inscrita en el Registro Social de Hogares hasta agosto de 2020.
Como explicó uno de los directivos de la Fundación Conecta Mayor: ‘Distribuimos un kit de inclusión digital a 80.000 personas mayores en todo el país. Este kit incluía un teléfono móvil con una interfaz simplificada y una aplicación que hacía más sencilla la pantalla del teléfono. […] Cerca del 97% de todos los municipios del país participaron en este esfuerzo’.
Sin embargo, el monitoreo de estos dispositivos reveló que incluso la tecnología adaptada muchas veces resultaba insuficiente. ‘Después de un año, una persona con un smartphone no sabía que podía deslizar la pantalla hacia un lado’, señaló uno de los directores.
Uno de los principales desafíos es que el software convencional rara vez está diseñado para responder a las necesidades específicas de las personas mayores, como aquellas con dificultades motoras. Sin embargo, incluso las versiones adaptadas no lograron garantizar una integración fluida de los dispositivos en la vida cotidiana.
Los datos de la institución respaldan esta conclusión: el 66% de las personas beneficiarias reportó experimentar dificultades o problemas para aprender a utilizar el dispositivo y un 10% señaló que no sabía cómo realizar llamadas telefónicas (Conecta Mayor, 2021).
Estos hallazgos evidenciaron la necesidad de desarrollar habilidades que permitieran a las personas mayores utilizar nuevas tecnologías y fortalecer su confianza. Este proceso también debía contrarrestar los discursos edadistas —prevalentes en la sociedad en general— que influyen en aquello que las personas mayores perciben como posible de lograr.
Estos discursos se alimentaban de temores de las personas mayores a equivocarse, dudas sobre su capacidad para aprender nuevas habilidades y reticencia a adoptar herramientas desconocidas (Conecta Mayor, s.f.).
Como señaló uno de los ejecutivos responsables del programa Conecta Mayor: ‘La inclusión digital, si bien requiere un teléfono, también necesita comprender lo que hay detrás de su uso […] Requiere crear espacios de formación digital y desarrollar un programa educativo enfocado en el aprendizaje de las personas mayores, además de abordar el edadismo predominante profundamente arraigado en la tecnología’.
En respuesta a los hallazgos, la Fundación decidió descontinuar los programas de distribución de dispositivos y redirigir sus esfuerzos hacia iniciativas que reconozcan los problemas más profundos de la brecha digital. Uno de los directores enfatizó este tópico: ‘Necesitamos complementar la inclusión digital con la formación digital. Ya distribuimos los teléfonos, ahora necesitamos un programa completamente desarrollado’.
Segunda etapa: foco en el desarrollo de habilidades
En 2023, Conecta Mayor implementó el Programa de Empoderamiento Digital, una iniciativa piloto financiada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Este programa desarrolla las habilidades digitales de las personas mayores utilizando una metodología basada en la gerontología educativa. Está dirigido a personas que utilizan un dispositivo móvil por primera vez, sin experiencia ni competencias previas.
Este enfoque innovador tiene pocos precedentes, aunque se inspiró en el Plan Ibirapitá de Uruguay, que, si bien tuvo cierto grado de éxito, careció de continuidad.
Según uno de los directores, el programa de Conecta Mayor tuvo un diseño interdisciplinario, incorporando antropólogos digitales, terapeutas ocupacionales, educadores y psicogerontólogos, junto con académicos de la Pontificia Universidad Católica y profesionales de la Fundación con experiencia práctica. Esta colaboración permitió identificar los principios orientadores de la propuesta y traducirlos en decisiones concretas para el diseño de contenidos y actividades.
La propuesta resultante y los materiales educativos desarrollados por los municipios colaboradores pasaron por una etapa de prueba con participantes reales: personas sin experiencia previa con tecnologías digitales accesibles. Estos materiales fueron posteriormente ajustados a partir de la retroalimentación obtenida durante el proceso de pruebas.
La Fundación implementó su programa a través de gobiernos locales para asegurar que los beneficios alcanzaran a una amplia audiencia, evitando centralizar recursos en zonas urbanas cercanas a la capital. Este enfoque implicó capacitar a funcionarios municipales y entregarles materiales pedagógicos y herramientas necesarias para replicar las capacitaciones de manera autónoma.
Dado su contacto directo con las personas mayores y su conocimiento de las condiciones locales, los municipios fueron identificados como socios clave. Asimismo, aprovechar los recursos ya existentes fue considerado esencial para la expansión territorial y la continuidad de largo plazo.
Desarrollo futuro: formación de nivel intermedio
Actualmente, la Fundación está desarrollando un programa para personas mayores que ya poseen habilidades básicas en el uso de dispositivos móviles, una iniciativa altamente solicitada tanto por municipios como por participantes.
Aunque la demanda por este tipo de formación avanzada es relativamente baja en comparación con la gran proporción de personas mayores que aún carecen de habilidades digitales fundamentales, su desarrollo resulta crucial por dos razones.
En primer lugar, como se señaló anteriormente, solo el 23% de las personas mayores utiliza smartphones para realizar trámites digitales y apenas un 5% ha recibido capacitación formal en herramientas digitales (PUC y Caja Los Andes, 2023; Troncoso et al., 2024). Esto significa que más de tres cuartas partes de la población mayor continúa excluida digitalmente en términos funcionales.
En segundo lugar, crear trayectorias de aprendizaje más avanzadas es fundamental para asegurar la continuidad y progresión de quienes ya han participado en etapas iniciales de formación. Estas personas representan un grupo creciente que, de no contar con nuevos desafíos y oportunidades de aprendizaje, podría desvincularse de la participación digital.
Esta expansión refleja una demanda persistente por soluciones adaptadas que permitan seguir cerrando la “brecha digital gris” y aumentar la integración digital de las personas mayores.
Implementación
La implementación del programa ocurre en dos niveles (ver Figura 2.1):
(i) diseño e implementación de la capacitación de formadores y
(ii) diseño y formación para personas mayores a cargo de mediadores que reciben la capacitación inicial.

Esta estructura fue diseñada considerando la complejidad geográfica del país y, de manera anecdótica, da origen a un tercer nivel en el que los propios participantes del programa transfieren lo aprendido a otros grupos comunitarios, actuando como instructores o mediadores de sus pares.
Capacitación de personal municipal
El acercamiento inicial con los municipios contempla campañas de sensibilización y reuniones informativas para presentar los objetivos del programa y la importancia de la inclusión digital.
Los municipios que previamente participaron en la campaña de distribución de teléfonos móviles son invitados a participar y completar un formulario de inscripción que incluye antecedentes institucionales, una declaración de motivación, un compromiso firmado por el alcalde confirmando la disponibilidad de acceso a internet, tiempo destinado a las actividades de capacitación y un computador.
Este enfoque asegura un involucramiento activo en el proceso formativo, reduciendo las tasas de deserción. Sin embargo, también puede reforzar desigualdades existentes en zonas rurales, donde la escasez de recursos y los problemas de conectividad siguen siendo una preocupación importante, pese a que estas áreas son precisamente de las que más necesitan apoyo.
La capacitación para funcionarios municipales se realiza mediante e-learning asincrónico; es decir, las sesiones y actividades instructivas no se desarrollan en tiempo real, sino a través de videos pregrabados y herramientas digitales.
Este enfoque permite un mayor alcance territorial y se adapta a las responsabilidades laborales de los participantes, una característica crítica considerando las limitaciones de tiempo y recursos expresadas por el personal municipal. Como señaló un funcionario: ‘Nosotros hacemos de todo. Somos quienes barren, abren las puertas, montan el show y luego cierran todo’.
Los contenidos formativos se entregan mediante lecciones accesibles desde una plataforma digital. Estas incluyen videos, materiales de lectura y cuestionarios interactivos destinados a evaluar la adquisición de conocimientos y permitir el avance hacia las siguientes lecciones.
Aunque este modelo conductista limita la posibilidad de simular escenarios prácticos para la resolución de casos, asegura la ejecución controlada de tareas mediante evaluaciones automatizadas, reduciendo la necesidad de supervisión intensiva.
La formación enfatiza la educación gerontológica para responder a las necesidades específicas de las personas mayores. Las primeras lecciones se enfocan en contextualizar la realidad de las personas mayores en Chile y los desafíos de la ‘brecha digital gris’.
Los módulos posteriores adoptan un enfoque práctico, guiando paso a paso a los formadores sobre cómo enseñar a las personas mayores a utilizar teléfonos móviles. Como explicó la trabajadora social: ‘Desarrollamos siete módulos que luego fueron replicados para capacitar a personas mayores’, actuando como profesores o facilitadores dentro del programa.
Los líderes del proyecto enfatizan la importancia de la metodología de enseñanza para personas mayores, la que asegura que el contenido educacional refleje las características sociales, físicas y mentales propias de esta etapa de la vida, sin caer en estereotipos potencialmente limitantes.
Por ejemplo, se recomienda a los formadores no manipular directamente los dispositivos de los participantes, incentivando que sean las propias personas mayores quienes realicen las acciones por sí mismas. Este enfoque surge de situaciones reales en las que las personas mayores suelen manifestar frustración frente a aprendizajes pasivos.
Como comentó uno de los directores: ‘Muchos participantes nos dicen: ‘Mi hija me enseña… pero nunca aprendo porque ella simplemente lo hace por mí’. Entonces preguntamos: ‘¿Cómo te enseña?’. Generalmente responden: ‘Ella toma el teléfono, me muestra rápido y listo’’.
La capacitación concluye con una aplicación práctica, exigiendo a los participantes trabajar con un grupo para implementar lo aprendido. Esta etapa asegura que la formación se traduzca en programas concretos para personas mayores y no solo en una evaluación sumativa de habilidades.
Al finalizar, la Fundación certifica el aprendizaje de los participantes. Aunque esta certificación no posee reconocimiento oficial, representa un esfuerzo pionero en microcredenciales.
Capacitación para personas mayores
La formación para personas mayores se realiza de manera presencial en grupos pequeños de hasta diez participantes, asegurando una proporción de 1:10 para brindar apoyo personalizado en el aula.
Los participantes son preseleccionados a partir de una evaluación inicial en la que se les solicita realizar tareas simples en sus teléfonos móviles. Los mediadores utilizan una rúbrica desarrollada por la Fundación para observar y calificar su desempeño, asignando puntajes entre 0 y 1.
Aquellas personas que obtienen puntajes cercanos a cero en tareas como bloquear o apagar el dispositivo, realizar llamadas o guardar contactos constituyen el público objetivo de la capacitación.
Con el objetivo de abordar los problemas urgentes de desconexión y aislamiento, esta decisión busca reducir la distancia entre dos segmentos metafóricos de una brecha. Sin embargo, esto no aborda la participación efectiva en la vida pública ni la ciudadanía autónoma, las cuales, por su naturaleza, requieren un nivel más avanzado de desarrollo de habilidades.
El programa consiste en sesiones de dos horas, dos veces por semana, durante un período de siete semanas. Al igual que la capacitación de formadores, aplica principios de gerontología educativa, adaptando los contenidos al contexto sociocultural, la funcionalidad cognitiva, las habilidades motoras, la percepción sensorial y los mecanismos de aprendizaje de las personas mayores.
La formación enfatiza la práctica y la repetición, adoptando un enfoque conductista para reforzar la memorización de procedimientos básicos relacionados con gestos (por ejemplo, tocar o deslizar la pantalla) y señales visuales (por ejemplo, verde para responder llamadas y rojo para rechazarlas).
El currículo está estructurado en torno a acciones específicas, tales como identificar los componentes de un smartphone, utilizar gestos táctiles, realizar y recibir llamadas, guardar contactos, enviar mensajes por WhatsApp, comprender el uso de datos móviles y Wi-Fi, y conectarse a internet.
Cada lección está acompañada de guías detalladas entregadas a los municipios. Estas guías incluyen textos e imágenes que ilustran cada paso necesario para completar las tareas. Las ilustraciones pueden comprenderse independientemente del texto, una estrategia deliberada destinada a superar las dificultades de alfabetización presentes en algunas personas mayores.
Las clases se estructuran para introducir los contenidos, demostrar las acciones asociadas y facilitar la práctica directa en el aula. Los mediadores trabajan individualmente con cada participante, asegurando la ejecución simultánea de las tareas en sus dispositivos.
Se incentiva a los participantes a practicar en sus hogares entre sesiones, mientras que las clases posteriores se dedican al repaso y reforzamiento de contenidos.
Si bien la Fundación entrega apoyo remoto para la implementación de las capacitaciones, no cuenta con recursos para realizar evaluaciones presenciales. Esto ha generado discrepancias entre la metodología originalmente diseñada y su aplicación práctica.
Por ejemplo, los grupos frecuentemente superan el tamaño recomendado de 10 participantes debido a la alta demanda, llegando en ocasiones a 30 personas, lo que diluye el modelo pedagógico de 1:10. No obstante, los municipios han desarrollado adaptaciones creativas, elaborando materiales complementarios como réplicas ampliadas de pantallas o teclados y ajustando los contenidos según las necesidades de cada grupo.
Impacto y resultados
El programa fue evaluado mediante diversas estrategias extraídas de documentos secundarios y de los testimonios de dos directivos. La fase de distribución de dispositivos fue evaluada a través de un estudio experimental con grupos de control.
Sin embargo, la etapa identificada como el componente central del caso —la formación educativa— no contó con un estudio evaluativo de escala comparable. En su lugar, se basó únicamente en datos reportados sobre resultados de aprendizaje y en un estudio cualitativo realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile, que incluyó ocho entrevistas semiestructuradas y un grupo focal con 11 monitores.
En este sentido, vincular los datos de la primera fase con los testimonios de la segunda resulta esencial, ya que permite identificar cambios atribuibles al impacto del programa, aunque no evalúe directamente el programa en sí mismo.
Los resultados de aprendizaje de los estudiantes fueron evaluados en el aula utilizando el mismo método de observación basado en rúbricas empleado en la evaluación inicial. Los participantes mostraron avances significativos, alcanzando en promedio una mejora del 77% en habilidades digitales (Troncoso et al., 2024).
Estos avances fueron evidentes tanto en la aplicación de la rúbrica dentro del aula —que recreaba escenarios de la vida cotidiana— como en el aumento del uso de mensajería y llamadas dentro del grupo de clases y de la comunidad en general.
Esto fue corroborado por la funcionaria municipal, quien señaló que la implementación del curso mejoró los canales de comunicación dentro de la administración local, incluyendo la creación de grupos internos de WhatsApp en los cuales participaban personas mayores.
Más allá de la adquisición de habilidades, los participantes valoraron el sentido de comunidad fomentado por el programa entre sus pares. En este sentido, el programa redujo significativamente el aislamiento: el 86% de los participantes reportó sentirse más acompañado (Conecta Mayor, s.f.).
Las personas describieron poder conectarse con seres queridos, participar en eventos familiares manteniendo distancia física —como asistir a la graduación de una nieta mediante videollamada, según relató una participante— e incluso generar amistades y redes de apoyo dentro del proceso formativo.
Los participantes también señalaron haber superado el miedo a equivocarse, adquirido confianza para realizar tareas cotidianas y experimentado una mayor autonomía.
Alrededor del 91% de los participantes afirmó que contar con acceso a un dispositivo incrementó su sensación de seguridad. Una participante ejemplificó estos resultados, aunque enfatizando la importancia del curso de formación más que del dispositivo en sí: “Antes me daba miedo ir al mall, pero ahora puedo ir sola porque sé que siempre puedo comunicarme a través de mi teléfono”.
El programa ha contribuido a fortalecer la sensación de independencia en muchas personas mayores. Sin embargo, sin una estrategia integral coordinada por las autoridades públicas, su influencia sobre aspectos más amplios de la ciudadanía —como la planificación urbana, los mecanismos de participación cívica y el desarrollo de tecnologías sociales inclusivas— continúa siendo limitada, manteniéndose estos ámbitos como desafíos pendientes para una inclusión plena.
Las personas entrevistadas evidenciaron una percepción positiva de sus propias capacidades y del potencial para enseñar a otros, aunque en distintos niveles. Por ejemplo, un participante comentó que había decidido impartir el curso al grupo de personas mayores que coordina en su comunidad residencial: “Uso mis materiales de capacitación para hacer copias y entregar información a otras personas”, explicó.
Una participante replicó esta experiencia y motivó a integrantes de su grupo parroquial a aprender a utilizar dispositivos inteligentes. Esto da cuenta de un tercer nivel de acción que surge espontáneamente a través de la participación comunitaria.
Conclusión
El caso de la Fundación Conecta Mayor demuestra que la inclusión digital de las personas mayores en Chile requiere un enfoque integral que vaya más allá de la simple distribución de dispositivos tecnológicos.
La fase inicial del programa, que entregó teléfonos móviles adaptados, representó un avance significativo en términos de acceso material, pero también evidenció brechas en el uso y apropiación de la tecnología derivadas de desafíos más profundos, como el edadismo, las barreras cognitivas y la ausencia de estrategias educativas adaptadas a las necesidades específicas de esta población.
En este sentido, la experiencia de Conecta Mayor sugiere la importancia de articular políticas públicas y programas como Brecha 0 con conocimientos especializados en educación, con el fin de fortalecer su efectividad y sostenibilidad.
La posterior implementación del programa de desarrollo de habilidades constituyó un referente significativo para abordar la “brecha digital gris” en Chile. El programa no solo se enfoca en las competencias técnicas necesarias para utilizar dispositivos móviles, sino que también promueve un cambio cultural al resignificar el envejecimiento y fortalecer la confianza de las personas mayores en su capacidad para aprender nuevas tecnologías.
Al aplicar principios de gerontología educativa y digital, y al impulsar colaboraciones estratégicas con municipios, el programa ha establecido un modelo replicable y adaptable a las particularidades socioculturales de distintas comunidades.
Conecta Mayor logra establecer una estrategia que responde a la organización centralizada del Estado, haciendo viable y sostenible la implementación local a lo largo del tiempo. Sin embargo, esta estrategia se concentra principalmente en habilitar el acceso y el uso básico de la tecnología, ofreciendo un apoyo más limitado para promover una ciudadanía digital integral, como la participación en plataformas ciudadanas o la navegación autónoma de procesos burocráticos cotidianos.
Asimismo, aborda principalmente el edadismo percibido por las propias personas mayores, pero no todas sus dimensiones, las cuales requerirían un compromiso social más amplio, incluyendo campañas públicas de sensibilización, iniciativas educativas y medidas de política pública destinadas a cuestionar estereotipos edadistas y promover la solidaridad intergeneracional.
Aunque el programa ha alcanzado hitos importantes, también enfrenta desafíos permanentes. A una escala más amplia, enfrentar el edadismo y adherir a principios de equidad requiere un plan de acción integral que vaya más allá de capacitar a un grupo excluido para participar en un modelo de ciudadanía que, en muchos aspectos, continúa excluyendo a las personas mayores.
La experiencia del programa también visibiliza desafíos relacionados con la asignación sostenible de recursos, la reducción de desigualdades territoriales y el fortalecimiento del apoyo legislativo y gubernamental.
Dado el rol fundamental de los gobiernos locales, y considerando las diferencias en disponibilidad de personal capacitado y recursos financieros entre municipios, resulta evidente el beneficio de desarrollar una estrategia nacional coordinada.
Un enfoque de este tipo podría integrar programas educativos, infraestructura tecnológica y políticas públicas de apoyo para promover un acceso más equitativo a las herramientas digitales.
Los resultados del programa destacan el impacto positivo que iniciativas de esta naturaleza tienen sobre la calidad de vida y la autonomía de las personas mayores. Más allá de la adquisición de habilidades tecnológicas, los participantes reportaron un aumento de la autoestima, una mejor percepción de sus capacidades y el fortalecimiento de sus redes sociales.
Este empoderamiento digital no solo reduce la exclusión tecnológica, sino que también promueve la inclusión social y cultural, incentivando la participación activa de las personas mayores en la vida contemporánea.
En conclusión, el caso de la Fundación Conecta Mayor demuestra que abordar la “brecha digital gris” requiere un enfoque multidimensional basado en la colaboración intersectorial, la innovación educativa y la conciencia cultural. Este modelo puede servir como referencia para otros países que enfrentan desafíos similares, reafirmando el derecho de las personas mayores a una inclusión digital plena y significativa.